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sábado, 18 de febrero de 2017

Israelitas quieren sembrar trigo en Boyacá


​La producción sería llevada a los mercados americanos y del medio oriente. (
Foto: Darlin Bejarano – OPGB).

Por José Alberto Paredes Avella

Paipa, 18 de febrero de 2017. (OPCB). Un importante acercamiento que pondría nuevamente a Boyacá como el primer productor de trigo del país, se viene adelantando con empresarios de Israel, a través del delegado comercial, para emprender de manera conjunta inversiones por el orden de 100 millones de dólares en cultivos, con ambientes controlados bajo invernadero, con destino a los mercados extranjeros, específicamente del medio oriente y americano.

Así lo confirmó el secretario de Fomento Agropecuario de Boyacá, Jorge Iván Londoño, en el marco del Consejo Nacional de Secretarios de Agricultura -CONSA-, en el Hotel Sochagota de Paipa, donde manifestó que la propuesta inicial establece disponer de 10 mil hectáreas, para ser sembradas de cereales como el trigo, "es un arrendamiento de los predios por cerca de 15 años y donde los empresarios de Israel colocan al servicio de los campesinos boyacenses, como propietarios de las tierras; las semillas, la asistencia técnica, los bancos de maquinaria, las secadoras y toda la infraestructura que se requiere para la producción", agregó el Secretario.

Vienen con un crédito desde Israel a 10 años con dos de gracia y 3% de interés anual.

Señaló Londoño que los inversionistas ya se encuentran en el país y han visitado diferente sectores del Departamento, y se espera que durante una reunión con el gobernador de Boyacá, Carlos Andrés Amaya Rodríguez, se pueda concretar la alianza para colocarla en marcha en algo más de tres meses.

"De concretarse la iniciativa, los campesinos boyacenses se estarían beneficiando con generación de empleo, desarrollo productivo, infraestructura, transferencia de tecnología, entre otras, es una apuesta interesante, especialmente cuando es con mano de obra del territorio y es poner a producir nuestra región", apuntó el secretario de Fomento Agropecuario del Departamento.

jueves, 16 de febrero de 2017

Estudiante de la UIS Málaga falleció en accidente de tránsito


​Como Nancy Andrea Barajas Jurado, estudiante de la Universidad Industrial de Santander, UIS, sede Málaga, fue identificada la joven que perdió la vida en accidente de tránsito ocurrido la mañana de este jueves en el kilómetro 15 de la carretera Málaga – Los curos.

El percance se presentó un kilómetro adelante del alto de San José de Miranda cuando la motocicleta en que se movilizaba la víctima, junto con el también estudiante de la UIS, Romario Guiza Pardo, pasó derecho en una curva y sobrepasó un muro de contención muy cerca del kilómetro 15.

Nancy Andrea Barajas Jurado era oriunda del municipio de Molagavita y cursaba décimo semestre de Ingeniería Forestal, por lo que ya se encontraba adelantando los preparativos para su grado.

El estudiante Romario Guiza Pardo recibe atención médica en el Hospital Regional García Rovira de Málaga.

La Universidad Industrial de Santander emitió el siguiente comunicado lamentando los hechos:

UIS Expresa Solidaridad con Víctimas de Accidente en Málaga

La Universidad Industrial de Santander lamenta el accidente de tránsito ocurrido esta mañana en el que se vieron involucrados dos estudiantes de Ingeniería Forestal de nuestra institución en la sede regional de Málaga.

Para la UIS es muy triste conocer que como consecuencia de los hechos ocurridos en la vía Málaga – Los Curos, a la altura del municipio de San José de Miranda, falleció la joven Nancy Andrea Barajas Jurado, quien cursaba el décimo semestre y se preparaba para recibir su título profesional.

En el mismo episodio resultó herido el estudiante, Romario Guiza Pardo, matriculado en el mismo programa académico en  la capital de la provincia de García Rovira y en este momento se encuentra bajo observación médica en el Hospital Regional García Rovira de Málaga.

Frente a este suceso, la UIS expresa las más sinceras condolencias y se solidariza con la familia de la estudiante Barajas Jurado y confía en los esfuerzos científicos y humanos por parte del personal médico que atiende al alumno Guiza Pardo.

Finalmente, la UIS se declara conmovida por este trágico episodio y en consecuencia decreta duelo durante tres días y ordena izar la bandera a media asta.

viernes, 10 de febrero de 2017

En Soatá, capturado motociclista borracho que atropelló a un adulto mayor


La moto fue inmobilizada por la policía. (Foto archivo internet).

Un motociclista de 31 años de edad que conducía con segundo grado de embriagues, fue capturado por la policía que lo puso a disposición de la Fiscalía 36 de Soatá.

Se trata de Oscar Orlando Suárez Picón, de 31 años, quien conducía la motocicleta de placas UTA 55C con la que atropelló al señor José Basilio Orosco Mayorga de 64 años, quien presenta traumas múltiples que motivaron su traslado al hospital regional.

La captura se produjo en la carrera 7ª número 6 – 31, barrio los Alcázares de Soatá.

De acuerdo con el informe policial, "el motociclista fue capturado en flagrancia por el delito de lesiones personales culposas".

jueves, 9 de febrero de 2017

“PERIODISMO CORRUPTO”

Son pocos los medios que denuncian la corrupción

Por Gonzalo Guillén

Siempre que el Estado colombiano emprende un proceso de paz con algún grupo armado me dedico a sostener que ojalá llegue rápido a buen término para que a continuación el país descubra que su principal maldición no es la guerra, por mucho horror y desolación que cause, sino la corrupción. La guerra misma es una de las fuentes de mayor corrupción, dicho sea de paso: mientras más arrecia, más ricos se retiran los generales y los ministros de Defensa a hacer negocios y jugar golf.

            Todas las entidades y las actividades del Estado en Colombia están profundamente infectadas por la corrupción, de tal manera que sus principales responsabilidades, como la salud y la educación, cada vez muestran más atraso y pobreza mientras, al mismo tiempo, crecen los presupuestos de inversión y funcionamiento.

            Como la justicia está igualmente corrompida, la última instancia que suele existir para poner en el escarnio público a los corruptos es el periodismo, pero también se ha corrompido en alta proporción.

            La sociedad colombiana cada día posee menos posibilidades de conocer el tamaño de la llaga gigantesca que se come sus bienes públicos y sus rentas debido a que el periodismo no solamente ha dejado de vigilar a los corruptos sino que se ha asociado a ellos.

            No alcanza a completar los dedos de una mano el número de medios que, de alguna manera, mantienen actitud vigilante y valor civil frente al estado corrupto que todos deberían vigilar y denunciar. Para comenzar, no pocos son propiedad de los propios corruptos.

            "Un periodista tiene que estar harto, enfadado con la situación y reaccionar. No pueden ser tan pasivos", sentenció con toda razón Gay Talese durante una visita en España que habría sido de mucho provecho en Colombia.

            Como si fuera una piña, hay que dividir el espinoso tema en dos partes iguales: una de ellas son los medios de comunicación y la otra los periodistas.

            Los medios son empresas cuyo principal fin es el lucro y no solamente el suyo sino el de los grupos económicos a los que pertenecen muchos de ellos. Es triste oír a directores, editores o jefes de redacción responderle a periodistas que intentan cumplir con su deber profesional y su responsabilidad social llevando noticias e investigaciones explosivas sobre corrupción pública o privada: "Aquí no vamos a hacerle el juego a eso", suele ser, por regla general, la respuesta de los jefes.

            La otra parte del tema son los periodistas. Sobre ellos pesan la autocensura, las amenazas y la insolidaridad. Les resulta mucho más cómodo y rentable volverse corruptos y cubrirse con una careta de valentía e independencia.

            Por estos días he estado investigando un caso de corrupción periodística colombiana que, de acuerdo con mis fuentes, pronto nos permitirá ver en la cárcel y en los estrados penales a una gavilla de periodistas que actúa con mayor astucia y éxito que la mejor de las bandas de asaltantes de bancos.

            En su mayor parte, están especializados en el cubrimiento de noticias judiciales, el área en la que hoy se debaten en Colombia casi todas las actividades de la vida nacional: desde la política, la justicia y las artes plásticas, hasta la banca, la minería, la medicina, la música, la arquitectura, la aviación, el comercio exterior y la prostitución, pasando por la educación, la investigación científica, la pedofilia y, por su puesto, el periodismo.

Los periodistas que están por caer, a lo largo de los años se organizaron de tal manera que, prevalidos del poder que les concede el ejercicio de su profesión, ubicaron a sus amigos, cónyuges y amantes en prominentes cargos judiciales para hurtar y traficar en el mercado negro con información privilegiada. Esto, por una parte. Por otra, están dedicados a actuar en masa con el objeto de satanizar o santificar a delincuentes y abogados corruptos, de manera que vician el criterio de los jueces y de la sociedad con informaciones podridas. Privilegian en sus entrevistas a los delincuentes que les pagan para que divulguen sus versiones y silencian a las víctimas de ellos, por lo común amedrentadas, humildes e indefensas.

            Uno de los principales miembros de esta banda de periodistas (prominente editor judicial de televisión) recientemente envió a uno de sus secuaces (editor judicial de una cadena de radio) a recibir un pago de cien millones de pesos colombianos que la mafia les entregó, en efectivo, acomodados entre una caja de zapatos. Pagos de estos ha habido muchos, según se ha sabido ya.

            Aquel periodista estableció la tarifa de 30 millones de pesos colombianos por divulgar una noticia fraudulenta de un minuto y medio de duración en la emisión de mayor audiencia (prime time) y 20 millones en las demás emisiones. Por tarifas más altas, un fraude vestido de noticia de primera plana puede extenderse simultáneamente a otras cadenas de radio y televisión, periódicos y páginas de internet. Solamente esto explica ahora porqué cada uno de los miembros de la gavilla poseen flotillas de autos BMW y Mercedes Benz, principalmente, así como apartamentos de más de un millón de dólares, fincas de recreo, casas de playa, apartamentos en Miami, fuertes inversiones en la Bolsa de Valores de Nueva York y exitosas compañías dedicadas al negocio de la construcción inmobiliaria. Todo esto con sueldos mensuales de periodistas que en ningún caso superan el equivalente a US$ 5 mil.

            La información judicial que ya se ha sido reunida indica que uno de estos periodistas estuvo detrás del atentado criminal a bala que sufrió un reputado y honorable colega investigador.

            Siempre nos ha llamado la atención a otros periodistas que aquellos, distinguidos por su incultura, su limitado vocabulario cundido de vocablos en caló (lenguaje del hampa) y graduados en universidades de garaje, sean los de mejor vivir y mayor fortuna. Cometen errores de ortografía hablando pero poseen autos que un periodista honorable, prestigioso y bien formado solamente podría adquirir con el fruto de décadas de trabajo.

            La justicia ha intentado con inmensa timidez ponerle el cascabel a este gato y se ha encontrado con inflamadas manifestaciones gremiales de rechazo a lo que se quiere presentar como un atropello a la libertad de prensa y expresión. En respuesta, hace una semana la Fiscalía General optó por celebrar un foro en el que expertos fueron invitados a explicar cuándo sí y cuándo no la justicia puede tomarse el atrevimiento de requerir a un periodista.

            La banda de reporteros judiciales que se halla a las puertas de la cárcel no es una excepción y quizá no sea más que un grupo menor de facinerosos.

            La corrupción que está comiéndose las entrañas del periodismo colombiano acaba de alcanzar un alto punto de desfachatez en el caso de los "Panamá papers", el escándalo global que ha permitido descubrir a millares de funcionarios y hombres públicos del mundo que, para evadir impuestos, esconden multimillonarias fortunas en sociedades y fiducias sentadas en paraísos fiscales. Hasta donde se sabe, se acercan a 900 los colombianos prominentes inscritos en esas redes de corrupción que para los medios de este país no resultaron ser noticia digna de difundir con vigor y de darle seguimiento para llegar hasta el fondo. Los registros se limitaron a decir de manera escueta que entre los cientos de evasores colombianos solamente estaba un cuñado del odiado ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro, a pesar de que este no tenía ninguna vela en ese entierro. Lo que no se ha dicho todavía, ni se va a publicar, es que dueños de medios y encumbrados periodistas dedicados diariamente a dar cátedra sobre moral y ética, figuran en los dichosos papeles de Panamá. Ellos mismos se dieron golpes de pecho en sus emisiones de noticias e hicieron votos para que el gobierno de Panamá le ayude al de Colombia a destapar tanta corrupción.

            Por supuesto que la administración nacional de impuestos tampoco ha tomado nota ni se esforzará, presumo, por obtener la información con la que lograría imponer tantas multas por evasión que el país podría salir de la ruina. Los grandes espacios de debate y los análisis "de fondo" se limitan a tocar el tema con suavidad para advertir que, en principio, es perfectamente legal poseer una sociedad en Panamá. Lo cual es cierto. Lo que no dicen es que a nadie se le ocurriría llevarse su capital a paraísos fiscales para algo que no sea evadir impuestos.

            Mientras el periodismo colombiano encubra, no vea y tampoco denuncie su propia podredumbre, la gran víctima seguirá siendo la sociedad incauta que toma por cierto lo que le "informan" y, obviamente, ignora lo que le ocultan.

Son pocos los medios que denuncian la corrupción "Periodismo corrupto"

Por Gonzalo Guillén

Siempre que el Estado colombiano emprende un proceso de paz con algún grupo armado me dedico a sostener que ojalá llegue rápido a buen término para que a continuación el país descubra que su principal maldición no es la guerra, por mucho horror y desolación que cause, sino la corrupción. La guerra misma es una de las fuentes de mayor corrupción, dicho sea de paso: mientras más arrecia, más ricos se retiran los generales y los ministros de Defensa a hacer negocios y jugar golf.

            Todas las entidades y las actividades del Estado en Colombia están profundamente infectadas por la corrupción, de tal manera que sus principales responsabilidades, como la salud y la educación, cada vez muestran más atraso y pobreza mientras, al mismo tiempo, crecen los presupuestos de inversión y funcionamiento.

            Como la justicia está igualmente corrompida, la última instancia que suele existir para poner en el escarnio público a los corruptos es el periodismo, pero también se ha corrompido en alta proporción.

            La sociedad colombiana cada día posee menos posibilidades de conocer el tamaño de la llaga gigantesca que se come sus bienes públicos y sus rentas debido a que el periodismo no solamente ha dejado de vigilar a los corruptos sino que se ha asociado a ellos.

            No alcanza a completar los dedos de una mano el número de medios que, de alguna manera, mantienen actitud vigilante y valor civil frente al estado corrupto que todos deberían vigilar y denunciar. Para comenzar, no pocos son propiedad de los propios corruptos.

            "Un periodista tiene que estar harto, enfadado con la situación y reaccionar. No pueden ser tan pasivos", sentenció con toda razón Gay Talese durante una visita en España que habría sido de mucho provecho en Colombia.

            Como si fuera una piña, hay que dividir el espinoso tema en dos partes iguales: una de ellas son los medios de comunicación y la otra los periodistas.

            Los medios son empresas cuyo principal fin es el lucro y no solamente el suyo sino el de los grupos económicos a los que pertenecen muchos de ellos. Es triste oír a directores, editores o jefes de redacción responderle a periodistas que intentan cumplir con su deber profesional y su responsabilidad social llevando noticias e investigaciones explosivas sobre corrupción pública o privada: "Aquí no vamos a hacerle el juego a eso", suele ser, por regla general, la respuesta de los jefes.

            La otra parte del tema son los periodistas. Sobre ellos pesan la autocensura, las amenazas y la insolidaridad. Les resulta mucho más cómodo y rentable volverse corruptos y cubrirse con una careta de valentía e independencia.

            Por estos días he estado investigando un caso de corrupción periodística colombiana que, de acuerdo con mis fuentes, pronto nos permitirá ver en la cárcel y en los estrados penales a una gavilla de periodistas que actúa con mayor astucia y éxito que la mejor de las bandas de asaltantes de bancos.

            En su mayor parte, están especializados en el cubrimiento de noticias judiciales, el área en la que hoy se debaten en Colombia casi todas las actividades de la vida nacional: desde la política, la justicia y las artes plásticas, hasta la banca, la minería, la medicina, la música, la arquitectura, la aviación, el comercio exterior y la prostitución, pasando por la educación, la investigación científica, la pedofilia y, por su puesto, el periodismo.

Los periodistas que están por caer, a lo largo de los años se organizaron de tal manera que, prevalidos del poder que les concede el ejercicio de su profesión, ubicaron a sus amigos, cónyuges y amantes en prominentes cargos judiciales para hurtar y traficar en el mercado negro con información privilegiada. Esto, por una parte. Por otra, están dedicados a actuar en masa con el objeto de satanizar o santificar a delincuentes y abogados corruptos, de manera que vician el criterio de los jueces y de la sociedad con informaciones podridas. Privilegian en sus entrevistas a los delincuentes que les pagan para que divulguen sus versiones y silencian a las víctimas de ellos, por lo común amedrentadas, humildes e indefensas.

            Uno de los principales miembros de esta banda de periodistas (prominente editor judicial de televisión) recientemente envió a uno de sus secuaces (editor judicial de una cadena de radio) a recibir un pago de cien millones de pesos colombianos que la mafia les entregó, en efectivo, acomodados entre una caja de zapatos. Pagos de estos ha habido muchos, según se ha sabido ya.

            Aquel periodista estableció la tarifa de 30 millones de pesos colombianos por divulgar una noticia fraudulenta de un minuto y medio de duración en la emisión de mayor audiencia (prime time) y 20 millones en las demás emisiones. Por tarifas más altas, un fraude vestido de noticia de primera plana puede extenderse simultáneamente a otras cadenas de radio y televisión, periódicos y páginas de internet. Solamente esto explica ahora porqué cada uno de los miembros de la gavilla poseen flotillas de autos BMW y Mercedes Benz, principalmente, así como apartamentos de más de un millón de dólares, fincas de recreo, casas de playa, apartamentos en Miami, fuertes inversiones en la Bolsa de Valores de Nueva York y exitosas compañías dedicadas al negocio de la construcción inmobiliaria. Todo esto con sueldos mensuales de periodistas que en ningún caso superan el equivalente a US$ 5 mil.

            La información judicial que ya se ha sido reunida indica que uno de estos periodistas estuvo detrás del atentado criminal a bala que sufrió un reputado y honorable colega investigador.

            Siempre nos ha llamado la atención a otros periodistas que aquellos, distinguidos por su incultura, su limitado vocabulario cundido de vocablos en caló (lenguaje del hampa) y graduados en universidades de garaje, sean los de mejor vivir y mayor fortuna. Cometen errores de ortografía hablando pero poseen autos que un periodista honorable, prestigioso y bien formado solamente podría adquirir con el fruto de décadas de trabajo.

            La justicia ha intentado con inmensa timidez ponerle el cascabel a este gato y se ha encontrado con inflamadas manifestaciones gremiales de rechazo a lo que se quiere presentar como un atropello a la libertad de prensa y expresión. En respuesta, hace una semana la Fiscalía General optó por celebrar un foro en el que expertos fueron invitados a explicar cuándo sí y cuándo no la justicia puede tomarse el atrevimiento de requerir a un periodista.

            La banda de reporteros judiciales que se halla a las puertas de la cárcel no es una excepción y quizá no sea más que un grupo menor de facinerosos.

            La corrupción que está comiéndose las entrañas del periodismo colombiano acaba de alcanzar un alto punto de desfachatez en el caso de los "Panamá papers", el escándalo global que ha permitido descubrir a millares de funcionarios y hombres públicos del mundo que, para evadir impuestos, esconden multimillonarias fortunas en sociedades y fiducias sentadas en paraísos fiscales. Hasta donde se sabe, se acercan a 900 los colombianos prominentes inscritos en esas redes de corrupción que para los medios de este país no resultaron ser noticia digna de difundir con vigor y de darle seguimiento para llegar hasta el fondo. Los registros se limitaron a decir de manera escueta que entre los cientos de evasores colombianos solamente estaba un cuñado del odiado ex alcalde de Bogotá Gustavo Petro, a pesar de que este no tenía ninguna vela en ese entierro. Lo que no se ha dicho todavía, ni se va a publicar, es que dueños de medios y encumbrados periodistas dedicados diariamente a dar cátedra sobre moral y ética, figuran en los dichosos papeles de Panamá. Ellos mismos se dieron golpes de pecho en sus emisiones de noticias e hicieron votos para que el gobierno de Panamá le ayude al de Colombia a destapar tanta corrupción.

            Por supuesto que la administración nacional de impuestos tampoco ha tomado nota ni se esforzará, presumo, por obtener la información con la que lograría imponer tantas multas por evasión que el país podría salir de la ruina. Los grandes espacios de debate y los análisis "de fondo" se limitan a tocar el tema con suavidad para advertir que, en principio, es perfectamente legal poseer una sociedad en Panamá. Lo cual es cierto. Lo que no dicen es que a nadie se le ocurriría llevarse su capital a paraísos fiscales para algo que no sea evadir impuestos.

            Mientras el periodismo colombiano encubra, no vea y tampoco denuncie su propia podredumbre, la gran víctima seguirá siendo la sociedad incauta que toma por cierto lo que le "informan" y, obviamente, ignora lo que le ocultan.

martes, 7 de febrero de 2017

Informe del Gobierno Nacional sobre aumento de visitantes a Parques Nacionales Naturales ni siquiera nombra al Cocuy

Todo parece indicar que hasta el gobierno nacional se está olvidando que existe un Parque Nacional Natural que se llama El Cocuy – Güicán y Chita, al que algún día una comunidad indígena, al parecer respaldada por otras organizaciones, tomaron la determinación de cerrar, hecho ante el que el mismo gobierno dio su brazo a torcer y permitió que prácticamente se sacara del listado de destinos turísticos de los turistas nacionales y extranjeros.

Esta situación está dejando en bancarrota a decenas y hasta centenares de medianos y pequeños comerciantes que vivían de este renglón de la economía en el norte de Boyacá, sin que se haya siquiera pensado en lanzarles un salvavidas para protegerlos y rescatarlos de esa situación económica que están padeciendo.

Hoy, cuando el gobierno nacional muestra muy horondo que "Un récord histórico de visitantes recibieron en el 2016 los Parques Nacionales Naturales de Colombia, con 1,44 millones de turistas, un 49% por encima de los 969.792 que llegaron en el 2015", la pregunta obligada es: "Y en qué número y porcentaje disminuyó el caudal de visitantes a los municipios de Güicán, El Cocuy, Panqueba, Guacamayas, etc.,?

El gobierno de Boyacá, en cabeza del gobernador Carlos Amaya y su asesor Pedro Pablo Salas han intentado remediar la situación, pero no ha sido suficiente.

Veamos a continuación el boletín oficial que envió este martes 7 de febrero el gobierno nacional a los medios de comunicación:

Récord histórico de visitantes reciben Parques Nacionales Naturales


Más de 1,44 millones de personas visitaron los parques en 2016, un 49% más que en el 2015, gracias a las inversiones del Gobierno, el fortalecimiento del ecoturismo y las promociones nacionales e internacionales.

Bogotá, 7 feb (SIG).

Un récord histórico de visitantes recibieron en el 2016 los Parques Nacionales Naturales de Colombia, con 1,44 millones de turistas, un 49% por encima de los 969.792 que llegaron en el 2015.

El Sistema de Parques Nacionales Naturales informó que el parque más visitado fue el de Corales del Rosario y San Bernardo, con 846.164 visitantes, seguido por el Tayrona, con 391.442 turistas y Los Nevados, con 39.904 visitas.

Así mismo, los parques que mostraron un significativo crecimiento en el número de visitantes son: Utría, con 5.948 visitantes y un aumento de 106%; Corales del Rosario con 846.164 turistas y un alza de 89%, y Chingaza, con 23.248 visitantes y una expansión de 30%.

Los cierres de algunas áreas protegidas con vocación ecoturística, por afectaciones en la infraestructura, no fueron impedimento para que nacionales y extranjeros disfrutaran de la biodiversidad del país agrupada en los parques.

Estrategia de conservación

"Estos resultados positivos hacen parte de una estrategia de conservación que permite que los turistas se apropien de las áreas protegidas, las sientan como suyas y así reconozcan y valoren el inmenso patrimonio natural de nuestro país", dijo Julia Miranda, directora de Parques Nacionales Naturales.

"El aumento del número de visitantes es una muestra de que cada día más ciudadanos buscan experiencias directas con el mundo natural y se concientizan así de las ventajas de la naturaleza, y en ese camino trabaja Parques Nacionales Naturales conforme lo recomienda la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza con su filosofía #NaturalezParaTodos", explicó la directora de la entidad.

El aumento considerable de visitantes en los Parques Nacionales Naturales de Colombia, se logra gracias a los programas de fortalecimiento del ecoturismo, al apoyo de entidades del Gobierno Nacional como el viceministerio de Turismo, Procolombia y Fontur y a la promoción que realizan las organizaciones comunitarias que operan el ecoturismo en los parques.

lunes, 30 de enero de 2017

En Málaga, autoridades socializan nuevo Código Nacional de Policía

La norma tendrá seis meses de pedagogía


​Autoridades civiles acompañan a la Policía en esta tarea

Tal como ocurrió este lunes a nivel nacional, las autoridades civiles y de Policía hicieron el lanzamiento del Código Nacional de Policía, con el fin de socializarlo entre las comunidades y especialmente con los estudiantes.

En el caso de Málaga se desarrolló un acto protocolario en la plaza Institucional, con la presencia de funcionarios de la Administración Municipal, de estudiantes del Colegio Nuestra Señora del Rosario y de la Policía.

Precisamente el comandante del IV Distrito de Policía, Mayor Julián Artunduaga, destacó el interés de las comunidades por conocer el contenido de la nueva norma y estar prevenidos para no tener que incurrir en el pago de costosas multas que terminan deteriorando las finanzas de cada familia.

El oficial advirtió que lo que busca este nuevo código, "es la convivencia pacífica en todo el territorio nacional, interpretado como el fortalecimiento de la tolerancia encaminado a las buenas relaciones con los vecinos, para que todos los colombianos vivamos en paz".

El mayor Artunduaga también resaltó que el código en sus 243 artículos es netamente preventivo y educativo, con el fin adquirir una buena cultura y para eso se mantendrá sin el cobro de multas en dinero durante los primeros seis meses.